Un irónico pedido a Kirchner en forma de oda. El final de ciclo y los riezgos de la omnipotencia.

Oh Néstor, abúrreme. Relaja tu carácter rebuscado, confórmate con una existencia real, abandona tu negativa furia retrógrada. No pretendas ya más permanecer en el foco de atención, importunando, concitando una atención de la que abusas. Abúrreme, oh Néstor.

¿De quién huyes, Néstor, con tus acosos? ¿A quién buscas asustar con tus furiosos temores? Recuéstate. Descansa. Libérate si puedes del odio pernicioso que te llevará puesto.

Oh, Néstor, energúmeno. Oh, Néstor, carente. Líder ardoroso y equivocado. Que tu furia logre su forma nueva. Que la evolución actúe en tu persona, curándote, llevando gracia donde hay modales de crustáceo, poniendo visión donde reina el viento. No es ya más tu tiempo, debes abandonar, cesar en el intento. Vete, Néstor, vete lejos. Déjanos ya con nuestras realidades, libéranos de tus aciagos fantasmas.

Por vos, Néstor, no por nosotros. Por vos, Néstor, por tu páncreas. Por tu esófago, Néstor, que el cuerpo no es para siempre. Ni las lejanas tierras espúreamente adquiridas te salvarán de la nada que a todos nos espera. No le calza el rol del insurrecto a tu conservadora moral, a los valores que transpiras y traicionas, a la cortedad que tus espasmos evidencian. Se adivina la mezquindad tras tus enojos estentóreos. Se trasluce la miseria en tus abultadas cuentas inexplicadas.

Piensa, Néstor, piensa. Tu próstata, Néstor, tus pulmones. Tu bilis, tu saliva, tus axilas. Tu pelo, Néstor. Tus orejas: no haya otitis en tus conductos auditivos, ni innecesarios temblores en tus intestinales pliegues, ni en tu sibilante voz, que se hurta de lateral entre el nácar de tus dientes seguramente manchados.

Debes superar el momento, Néstor, rehacerte. Entenderlo ayuda, Néstor. Debes ver más lejos, Néstor, por favor, esmérate. Por favito. Por el bien nuestro, renuncia a tus mundanas pasiones, a las ganancias indebidas, a los colaboradores indecentes. Reduce el riesgo cardiovascular. No es precisa la indigna propiedad de unas tierras ventosas en la promisoria patagonia, puedes caminar por la calle, o si le temes a las personas, puedes hacerlo por tus bosques, o por los de tus familiares y amigos, por esos bosques nuestros que ahora son sólo tuyos. No te molestaremos. Pero no hace falta ser dueño del mundo para caminarlo placenteramente, para disfrutar de las cosas no hace falta poseerlas ni desgarrarlas. Y si un día justiciero llegara la temida citación de la justicia, Néstor, deberás saber que, como dice ese pueblo al que adulaste neciamente, todo lo que sube tiene que caer. Tu hora habrá llegado, y deberás aceptarla.

¿O acaso crees, Néstor, que la ley de gravedad tampoco debe aplicársete? ¿Y la ley de los ciclos, que anuncia el repliegue de lo que una vez fue grande? ¿Ignoras, Néstor, que aun a los emperadores le llega el momento de la nada? ¿Te crees más grande que los auténticos, Néstor, que los llegados por virtudes y capacidades, tú, nacido del azar, caprichosamente chingado de un poder que no mereciste nunca, ungido por los incapaces en su sed de venganza, hijo del resentimiento, basado en la infamia de un partido de traidores que de la lealtad gusta equívocamente hacer un culto? ¿Crees, Néstor, que tendrán clemencia los enemigos que maltrataste o mandaste a maltratar, por mera pasión tosca y altanera? ¿O acaso crees que entonces alguien vendrá a salvarte?

¿No sabes aun, Néstor, que ciertas alturas mal logradas precipitan las caídas más feroces? ¿O crees que las pasiones negativas que insuflaste con vehemencia serán pacientes contigo, Néstor impaciente? ¿Te crees más que un hombre, tú, prepotente?

No debes aplastar a todos, Néstor, no es deseable. No debes tampoco menospreciarnos de tal modo. Entre las fieras que cultivaste a tu servicio muchas hay ya dispuestas a morderte. Mira en torno tuyo, ¿ves afecto, ves ternura? ¿Ves buena voluntad, encuentro, entendimiento? ¿Ves acaso confianza, comprensión, amor, Néstor? ¿Logros, Néstor, ves algún logro, sinceramente hablando, más allá del dudoso provecho de un poder a costa de todo mantenido? No temas ya las palabras, tu, que lo temes todo. En un concepto simple hay mucho mundo concentrado: amor, Néstor, ¿entiendes? ¿Crees que puede un presidente ser pura furia sin amor? ¿Crees que un país entero tolera mucho tiempo tal engaño?

Tu tropiezo será fatal. En cámara lenta sucede ya tu infinito derrumbe. No arrastres a todos, ni lo intentes, no podrás. Es ya tarde para hablarte, lo sé, tampoco quisiste nunca escuchar mucho. No es tiempo ya de concebir modos de salvarte, sólo queda asistir al estrépito con el que se deshará tu gesta, disolviéndose en la nada.

Oh Néstor, las cosas pudieron ser tan distintas. No lo lamentes por nosotros, que seguiremos adelante, habiendo aprendido de tus entusiastas fracasos. Laméntalo por ti, solitario, por tu limitadísimo mundo, por haber cebado bárbaros que te echarán en falta, y que deberán pagar por tus órdenes y sus ignorancias. Oh Néstor, qué lástima...

Guente: Alejandro Rozitchner