1.- La gastalt

La terapia gastáltica se basa en un simple lema: "el todo es más que el tope de la tarjeta de crédito". Su creador, el licencia­do Wolfgang Shopping, ha sumado cientos de acólitos, conoci­dos como los "gastaldores" o para ser más precisos, las "gastaldoras", ya que se trata mayoritariamente de mujeres al borde de un ataque. El axioma básico de Shopping es que "el ser huma­no está cargado de metales que le son adversos y lo transforman en un sujeto angustiado, que no sabe qué hacer con lo que tie­ne". Él los invita a un ámbito en el que los pacientes se ven es­timulados, motivados, y si se quiere compelidos a despojarse de aquellos metales que le sobraban, para lograr un nuevo equilibrio basado en valores mucho más bajos. A cambio les entrega a los pacientes nuevos objetos, que él llama "logros o adquisi­ciones".

Así, una de sus pacientes puede decir con orgullo: "Ayer fui a ver a Shopping, me despojé de cien dólares y logré un adorno peruano". Hay quienes van una vez por semana y quienes lo ha­cen todos los días, están los que concurren en forma individual y los que van en grupos o bajo la forma de terapia familiar.

"Si uno es feliz cuando compra, ¿por qué no curarse de esa manera?", se pregunta Shopping. Los pacientes no se dividen en "neuróticos, psicópatas y psicóticos" como en el análisis, sino en ABC-1, D y E, o, al decir de los profesionales: alto, medio y bajo poder adquisitivo. Cuando los de "alto" se gastaron todo lo que tenían, no son más de "alto", pero tienen el "alta".

 


 2.- Terapia de vidas pasadas

 Los que sostienen esta escuela creen que el ser humano no tiene bastante ya con los problemas de esta vida, y se ponen a in­vestigar sus "vidas anteriores", para detectar el origen traumáti­co de los conflictos actuales del individuo. Tienen cierto punto en común con las ideas freudianas, en el sentido de relacionar el pre­sente con el pasado, pero en todo caso, en el psicoanálisis el pa­sado es el del papá de uno, quizás el abuelito, pero todo queda en familia. En estas terapias, en cambio, uno puede llevarse la sor­presa de que les tiene miedo a los gatos porque antes de ser Juan Pérez uno fue un ratón, o que una sufre el calor porque antes de ser Aurora Boludríguez fue una heladera.

Si uno descubre que en su vida pasada fue un famoso multimillonario, eso no le da derecho a reclamar todo el di­nero que le correspondería por ser "heredero de uno mismo", ya que los escribanos y las cortes supremas son reacios a acep­tar ese sueño que uno tuvo en el que eyaculaba petróleo como prueba fehaciente de que uno realmente fue Rockefeller. Y encima, quién le dice, descubre que usted en su vida pasa­da fue Nixon, Stalin, Mussolini o Reagan, con lo cual sale más traumatizado de lo que entró.

 Fuente: Rudy "Buffet Freud"