EL PODER DEL CAMBIO
El ser humano posee muchas cualidades que lo diferencian de otros animales. Entre ellas, y quizá a la que más provecho le puede sacar, es a la del poder de elegir, el poder de cambiar.
Todo cambio provoca “temor”, sin embargo todos reaccionamos de manera diferente ante este “temor”. Algunos lo racionalizamos, otros lo negamos, algunos más lo evitamos y sólo algunos cuantos lo enfrentamos. Pero ¿De dónde viene este temor ?, ¿Qué es lo que da este tinte dramático y hasta casi trágico que muchas veces nos supera? Puede ser, y seguramente es, la angustia de que lo nuevo y desconocido no sea tan satisfactorio y agradable como lo que hasta este momento tenemos.
En estos casos es válido el temor que experimentamos, pues ¿quien va dejar algo agradable y satisfactorio por otra cosa que no sabemos como va a resultar? Hasta aquí todo es relativamente comprensible, sin embargo, qué es entonces lo que pasa con aquellas personas que experimentan una situación poco agradable que les provoca ansiedad y tensión y que, de igual forma, se niegan al cambio. Podríamos pensar que están acostumbradas a ello, que son personas que les gusta estar así o quizá también que esperan que alguien más haga algo por solucionarlo.
Dependiendo del caso de que se trate, será una o varias de las razones mencionadas. El común denominador es, sin embargo, la inseguridad. Una inseguridad punzante y persistente que produce en el individuo reacciones neuróticas que lo intranquilizan y tienen efecto indirecto en todas las áreas de la vida del individuo.
Si examinamos detalladamente la vida cotidiana, nos daremos cuenta de todos los cambios que hacemos y las decisiones que tomamos. De acuerdo al grado de relevancia que tenga la decisión será el grado de ansiedad que produzca. Cada vez que nos enfrentamos a un cambio, sufrimos de esta inseguridad que impide generalmente la rápida toma de decisión. Muchas personas deciden no cambiar para evitar el dolor que produce la angustia y sin embargo aquí viene lo paradójico, por evitar un dolor agudo (producido por el cambio necesario) padecen un dolor crónico (producido por la inseguridad de la situación). Muchas veces por evitar el dolor intenso pero definitivo, nos resignamos a la inseguridad de vivir constantemente sin saber lo que pueda ocurrir en un futuro.
De hecho, incluso en los cambios que parecen ser favorables se presenta la angustia en sus dos formas principales: la que se manifiesta como resultado de dejar lo que nos da seguridad y la que se manifiesta por el hecho de enfrentar nuevas situaciones.
Debemos correr el riesgo de cambiar lo que nos incomoda y experimentar. Empezando por lo más sencillo y siguiendo así hacia lo relevante y vital en nuestras vidas. La ansiedad se puede manejar como temor que nos impide lograr lo que queremos, o bien, como nervios y emociones que nos impulsan a la meta pretendida.
La frase “se sufre pero se aprende” nos indica cómo cualquier cosa, aunque dolorosa, nos deja enseñanzas útiles, por lo que todo cambio puede ser didáctico.
Recordemos que el cambio no tiene que ser necesariamente un cambio radical, puede ser sólo un detalle el que modifiquemos y habrá un efecto directo o indirecto.
Todos enfrentamos situaciones en las cuales es necesario un cambio. Puede ser en nuestras relaciones interpersonales, en la vida personal, etc., y tomamos decisiones que nos hacen sentir bien. En algunos casos puede ser el cambio total, en otros un cambio de actitud; sin embargo sea cual fuere la decisión que tomemos, debemos procurar terminar con la ansiedad producida por el miedo a cambiar. Si logramos esto, o si logramos dejar atrás todo lo que nos ha afectado en el pasado, todo lo que nos ha metido en la cabeza la cultura, podremos poco a poco y una a uno ir viviendo más como queremos y menos como los demás quieren que lo hagamos.
“Lo que importa no es lo que los demás han hecho de nosotros, sino lo que nosotros hacemos de lo que los demás han hecho de nosotros”.
Por Julio César Luna Castro.


variostemas dijo
Hola!!! Me ha encantado. La verdad que hay cambios inesperados que son muy dificiles de superar, y de los cuales se aprende. Este martes murió mi abuelo, y he aprendido una gran lección.
Un saludo,
RDF.
7 Noviembre 2009 | 02:56 AM