JEFES DIFÍCILES
Danilopez (R)

Lou Marinoff
Una de las quejas laborales que oigo con más frecuencia es la de los jefes difíciles. Estoy seguro de que ese arquetipo se remonta tiempo atrás y que antaño había muchas quejas sobre tener que escuchar a un tipo que no podía encontrar un venado, aunque se le acercase y se presentase a sí mismo, o que ponía el grito en el cielo cada vez que uno fallaba un tiro y volvía a poner el grito en el cielo cuando le daba al blanco pero no en el centro de la diana. Si trabaja bajo las órdenes de un jefe al que no soporta, una alternativa es buscarse otro trabajo. Claro que no tiene ninguna garantía de que su nuevo jefe sea mejor, ni tampoco de que pueda seguir trabajando para el mismo jefe si encuentra a uno que le guste.
Si la única pega en su situación actual es la persona ante la que se reporta,piense detenidamente en todos los aspectos de su trabajo antes de decidir hacer un movimiento. Una alternativa más adaptable sería tomar una actitud
filosófica sobre el hecho de trabajar con una persona que le permitas sobresalir de entre el barullo. Tal vez tenga que tragarse la injusticia y desarrollar sus propios recursos interiores que contribuyan a hacerle una piel más gruesa. Encuentre a alguien en su compañía o en su ámbito que letutele, que le brinde cierta aportación positiva para equilibrar el hecho de trabajar con una persona difícil. Acuérdese de preguntarse a sí mismo: «¿Qué puedo aprender de esto?» La respuesta quizás haga que la experiencia valga la pena.
Por difícil que pueda resultar la idea, éste es probablemente el «mejor camino» que recomienda el Tao. Si encuentra este camino, el Táo le enseña que nadie puede herirle. No sólo es una cuestión de ser bueno, para
que nadie quiera apuñalarle por la espalda. En el camino más elevado, su espalda simplemente no puede ser alcanzada.
He oído que aquel que sabe bien cómo conservar
la vida, cuando viaja por tierra, no se encuentra con
los rinocerontes ni el tigre; cuando va a la batalla no
le atacan armas de ningún tipo. Los rinocerontes no
encuentran lugar donde hundir su cuerno. El tigre
no encuentra donde clavar sus garras, las armas no
encuentran donde enterrar su hoja.
LAOZI
