Adolescencia viene del latín “adoleceré” que significa crecer o desarrollarse hacia la madurez. “Tatuaje” deriva del polinesio Tatán (ta: dibujar), otra versión es “cortar, herir”.

 Los tatuajes son marcas en el cuerpo que comunican algo, han reemplazado a las palabras. Se caracterizan por ser inalterables y perdurables en el tiempo, a diferencia de las palabras que se pierden y se olvidan. Muchos nos preguntamos cómo el tatuaje ha cobrado tanto impulso en nuestra época. Si bien es una práctica milenaria, asociada a los ritos de iniciación en diferentes culturas primitivas, hoy se ha convertido en una moda de consumo masivo, como signo de diferentes grupos de jóvenes, con los códigos que los caracterizan.

En nuestra cultura occidental, la adolescencia es un tiempo de crecimiento y de grandes cambios, que no se transita sin dolor. Es un pasaje de la niñez a la vida adulta: del mundo infantil de dependencia con los padres a una vida de la cual deberán hacerse responsables. Es un pasaje que ningún joven puede evitar. Para aliviar la intensidad de esta transformación, los jóvenes buscan estar entre pares, ya sea por un interés en común (música, vestimenta, ideas políticas, etc. ) o simplemente por la imperiosa necesidad de compartir sus sueños, sus ideales, su sensación de vacío, su melancolía, sus pensamientos acerca de la muerte, sus fantasías tenebrosas respecto al futuro, sus odios y resentimientos frente a una sociedad de adultos que- dicen ellos- no los comprende y a menudo no los acepta.

En este contexto se pueden entender las dificultades de los adolescentes para encontrar su mundo propio y la de los adultos para poder entenderlos: los padres no encuentran las respuestas adecuadas a los interrogantes planteados por sus hijos. Libertad, es normal

¿Pero hasta dónde? Independencia, es natural ¿Pero cómo adquirirla? Cuestionamientos y juicios hacia los padres, son lógicos

¿Pero se puede permitir todo? Sexualidad, llega el momento ¿Pero están preparados?

Estos son quizás los temas que causan mayores conflictos en la convivencia con adolescentes. En el pasaje de la sexualidad infantil a la pubertad/adolescencia las transformaciones que sufre el cuerpo hacen que la identidad lograda hasta el momento devenga extraña y desconocida. Hay momentos en que la imagen que devuelve el espejo no se reconoce como propia y causa inquietud: ”¿Soy yo?... ¿Ese es mi cuerpo?.... ¿Así me ven los otros?... ” Se preguntan los adolescentes, des-cubriendo- a menudo con angustia- unas formas masculinas o femeninas que aún no sienten del todo como propias. Frente a los violentos cambios culturales y a la falta de respuestas de la sociedad, el tatuaje ha retornado como “marca en el cuerpo” a modo de una referencia. Cuando todo cambia y parece efímero, surge la necesidad de que algo permanezca inalterable, eterno.

RESUMIENDO: el joven adolescente, en búsqueda de su identidad, usa el tatuaje como una forma de expresión a través de una imagen grabada en su cuerpo, representando así también su manera de igualarse a sus pares y diferenciarse de otros. Es como si dijera: “Con esta marca, soy yo, para siempre y con mi grupo, fuera de la familia”. Para finalizar, podríamos decir que así, como el ombligo es la marca perentoria del nacimiento, el tatuaje es la marca inalterable de un segundo nacimiento: el de la vida adulta.

Fuente: Lic. Irma Barenboim. Psicóloga clínica.