Fue la figura más discutida de los últimos tiempos. Desde Perón y Eva Duarte, tal vez, no hubo otra personalidad que cosechara los afectos más profundos y los odios más enconados.
Controvertido, tal vez intolerante para con los que se oponían a sus proyectos, pero siempre concentrado en lograr el éxito de sus iniciativas más ambiciosas, fue esa su característica personal más enfatizada, sobre todo por los opositores, muchos de los cuales dijeron alguna vez que si Néstor hubiese sido un individuo más amable, apacible y componedor y hubiera cuidado con mayor empeño su aspecto personal, eso hubiera mejorado su performance política y tal vez muchos de sus excesos serían pasados por alto.
Pero en el fondo de esos razonamientos se hallaba una confusión elemental. NK no había llegado hasta donde llegó a pesar de su mal carácter y sus malos tratos sino, contrariamente, en virtud de ellos. Porque si algo no se podrá nunca negar fue su autenticidad. Hizo pues, un del manejo del poder un culto, en el cual se posicionó como el sumo sacerdote, al punto de prescindir de las Fuerzas Armadas, de la Iglesia Católica misma, y hasta de las tradicionales corporaciones que manejaron el poder de este país desde las sombras; el campo fue el ejemplo más elocuente.
Y es que el poder conlleva pagar caros precios. Ya lo había advertido Maquiavelo, y Kirchner le hizo caso, los pagó, aunque en ello fueran cuestionamientos éticos incluidos. Supo transformar la necesidad en virtud, sapiente más allá del apriete y la coacción jurídica, y valoró en su justa medida esa compleja e íntima contextura ética de la sociedad, donde la clase dirigente tiende a la corrupción y es ideológicamente impotente. En síntesis, supo hacerlos jugar a todos a su favor.
Dotado de una sagacidad natural para la política, sabía que las denuncias y los libros “no autorizados” carecían de efecto electoral, sino que lo que importaba era cultivar ese carisma de hombre recio que sí tenía impacto en la intención de voto; de hecho, lo estaba proyectando ganador hacia el 2011
Fue fiel a su propia naturaleza, a lo que el Destino le había consignado, y si un legado deja, es aquel de haber sabido gobernar por lo que él fue, sin más respaldo que él mismo. Algo que hasta ahora ningún Presidente había podido hacer. Tan seguro que hasta enfrentó al “Pull” periodístico más poderoso, aunque nunca se podrá saber si esa jugada habría sido o no su Waterloo. Pero lo hizo.
Su salud se convirtió en una cuestión de Estado, que se analizaba incluso en programas de televisión que invitaban a especialistas, que le sugerían moderar su conducta y “bajar los decibeles”; eso es imposible, simplemente porque su ser mismo se lo impedía: cambiar hubiera sido igual a dejar de ser Néstor Kirchner.
Simplemente porque la pasión política corría por sus venas y era más poderosa que el cuidado de su propia salud. En palabras de Aristóteles, constituyó el más perfecto ejemplo del “Zoom Politikon”, el hombre político por naturaleza y en estado puro.
Así únicamente le fue posible construir ese imperio de poder, inexpugnable, que con todos sus defectos seguía incólume en un electorado que estaba dispuesto a volver a ungirlo, tal vez, porque encarnaba también ese misterio genético que los argentinos llaman caudillo, y del que no pueden prescindir, aún a más de un siglo de haber sido exterminados.
Néstor Kirchner recreó esa síntesis bárbara que un día recorrió las pampas y levantó en medio de desencuentros y degüellos un país. Estaba haciendo lo mismo, porque las fuerzas políticas todavía se comportan así, bárbaramente y necesitan ser disciplinada
Hoy ha terminado algo más que una vida, se termina un modelo de país cincelado a golpes, pero que resultó estable. Kirchner jamás habría abandonado el poder, porque era su vida, y su verdadera muerte habría sido abandonar la lucha por ese poder. Por eso, hoy, el poder de Kirchner se terminó con su vida
Ernesto Bisceglia
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1 comentario
argentino agustin gomez 4 dic 2010 | 12:27 AM
Exhaustivo pero con errores, no olvidar junio del 2.009 7 de cada diez no lo votaron
trató de reponerse de esa contundente derrota, le ganó un DESCONOCIDO De
Narvaez y Moyano lo mandó a la tumba para terminar con la pesadilla, un abrazo,.
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