Mal que nos pese, no somos ni de cerca imprescindibles para el funcionamiento del planeta. Más bien, todo lo contrario: sin nosotros, la tierra recuperaría mucho de su antiguo esplendor. Por ejemplo, solo unos días después de que hayamos desaparecido, el 90% de nuestras máquinas, centrales nucleares y servidores de Internet incluidos (¡no más porno gratis!) se apagarían. Al interrumpirse el servicio de gas y electricidad, la calefacción de nuestras casas dejaría de funcionar. Treinta días después de que haya desaparecido la humanidad, las cucarachas estarían en problemas graves. Es que son insectos tropicales y han logrado su increíble número gracias al cobijo que le proporcionan nuestras viviendas. Sin nosotros, serian presas del frío. No se extinguirían, por supuesto, pero su número se reduciría de forma importante.