Lo único más complicado que una relación de amor entre dos personas es la compleja trama de interacciones que se crean en una familia.

Cada individuo manifiesta su propia personalidad, sus preferencias, normas, actitudes, valores y puntos de vista filosóficos.

En muchos de estos ámbitos, la naturaleza y la educación conspiran para crear un efecto solapado entre los miembros de la familia, pero nunca encajan a la perfección.

Ahí es donde comienza el conflicto. Las relaciones familiares necesitan un cuidado y un mantenimiento esmerado, lo mismo que las relaciones de amor. O tal vez más, porque muchas relaciones familiares están intrínsecamente desequilibradas y porque, en general, no elegimos las relaciones familiares sino que nos vienen dadas. Uno suele elegir a su pareja, pero no a su familia.